Escuché un grito fuerte y me levanté corriendo de mi cama. Abrí la puerta del cuarto de mi hija de siete años de edad. Ella estaba despierta, sudaba mucho, estaba acelerada. Se volteó a mirarme, noté el miedo en sus ojos, no sé cómo explicar cómo me sentí en ese momento. La abracé fuerte.
¿Qué pasó, principessa? ¿Por qué gritaste? -
¡Tuve una pesadilla! ¡Tengo miedo! - Mi pequeña hija lloraba a chorros, temblaba. Yo la volví a abrazar, pero esta vez para demostrarle que yo estaba ahí y que nada le pasará mientras esté en mis brazos.
¿Querrás contarme esa pesadilla? - Le sequé las lágrimas con dulzura, y le separé un mechón de cabello que caía y tapaba su ojo derecho. Sus hermosos ojos miel.
Pues... Soñé que... Tú te ibas... Y no volvías... - Volvió a explotar en llanto, yo sonreí, le volví a secar las lágrimas, y la miré fijamente a los ojos.
¿Sabes? Te diré un secreto... Cuando yo era adolescente, poco antes de conocer a tu mamá, soñaba con tener una hermosa niña, con una nariz así como la tuya, unos ojos enormes y hermosos como los tuyos, con tu cabello... Y moría de ganas de decirle a mi hija "Principessa Vittoria"... Tú eres mi sueño, y no me alejaré de tu lado ni por un segundo, yo siempre te voy a amar por toda mi vida, siempre estaré ahí para ti. No te preocupes niña, yo soy un caballero, tu mi principessa... Y siempre te cuidaré, lucharé con todas las bestias temibles que vayan a tu castillo. - Comencé a hacerle cosquillas, su sonrisa iluminaba mi alma, era un foco de luz lleno de esperanza y sueños, metas por las cuales luchar.
Ven a dormir conmigo... - Me dijo mientras se arrimaba hacia un lado, dándome espacio para mi.
No... Yo no quepo en tu cama... - La cargué, y la llevé hasta mi cuarto, la acosté al lado de su madre y yo del otro lado, ella quedó en el medio de la cama, justamente como cuando ella tenía un año de edad...