martes, 23 de julio de 2013

Pesadillas.

Escuché un grito fuerte y me levanté corriendo de mi cama. Abrí la puerta del cuarto de mi hija de siete años de edad. Ella estaba despierta, sudaba mucho, estaba acelerada. Se volteó a mirarme, noté el miedo en sus ojos, no sé cómo explicar cómo me sentí en ese momento. La abracé fuerte.

   ¿Qué pasó, principessa? ¿Por qué gritaste? - 

   ¡Tuve una pesadilla! ¡Tengo miedo! - Mi pequeña hija lloraba a chorros, temblaba. Yo la volví a abrazar, pero esta vez para demostrarle que yo estaba ahí y que nada le pasará mientras esté en mis brazos. 

   ¿Querrás contarme esa pesadilla? - Le sequé las lágrimas con dulzura, y le separé un mechón de cabello que caía y tapaba su ojo derecho. Sus hermosos ojos miel.

   Pues... Soñé que... Tú te ibas... Y no volvías... - Volvió a explotar en llanto, yo sonreí, le volví a secar las lágrimas, y la miré fijamente a los ojos. 

   ¿Sabes? Te diré un secreto... Cuando yo era adolescente, poco antes de conocer a tu mamá, soñaba con tener una hermosa niña, con una nariz así como la tuya, unos ojos enormes y hermosos como los tuyos, con tu cabello... Y moría de ganas de decirle a mi hija "Principessa Vittoria"... Tú eres mi sueño, y no me alejaré de tu lado ni por un segundo, yo siempre te voy a amar por toda mi vida, siempre estaré ahí para ti. No te preocupes niña, yo soy un caballero, tu mi principessa... Y siempre te cuidaré, lucharé con todas las bestias temibles que vayan a tu castillo. - Comencé a hacerle cosquillas, su sonrisa iluminaba mi alma, era un foco de luz lleno de esperanza y sueños, metas por las cuales luchar. 

   Ven a dormir conmigo... - Me dijo mientras se arrimaba hacia un lado, dándome espacio para mi. 

   No... Yo no quepo en tu cama... - La cargué, y la llevé hasta mi cuarto, la acosté al lado de su madre y yo del otro lado, ella quedó en el medio de la cama, justamente como cuando ella tenía un año de edad...

Guardería.

   Ve a buscar a nuestra hija a la guardería. - Colgué el teléfono, y di vuelta a la guardería.

   Estacioné el carro cerca de la puerta, bajé y me dirigí hasta la sala donde estaba mi hija. Todas las profesoras me veían y me saludaban, niños corrían a mi alrededor, otros jugaban, no tenían más de seis años. Llegué al final del pasillo y abrí la puerta. 

   Buongiorno principessa Vittoria. - Dije, mi hija se volteó, sorprendida corrió a abrazarme, siempre le decía de esa manera, sus pequeños brazos rodeaban mi cuerpo, y sus manos llenas de pintura me mancharon toda la camisa. 

   ¿Qué haces? - Le pregunté. 

   Tarea, ¿Quieres ver? - 

   Bueno, muéstrame a ver que tan difícil es tu tarea. - Ella me agarró la mano y me condujo hasta la mesita, estaba dibujando... Recuerdo mi primer dibujo, eran dibujos de palitos, estaba yo agarrándole la mano a mi mamá, nosotros dos solos en todo el dibujo. Pero el dibujo de mi hija mostraba un poco más que eso, estaba ella agarrándole la mano a su mamá y con la otra mano agarraba la mía, una casa en el fondo, flores, un árbol, un paisaje cálido... 

   <<¡Quiero una familia... Quiero que cuando tenga hijos sus dibujos estén completos... No tan vacíos como los míos...!>> Me di cuenta que había logrado ese objetivo, solté una lágrima y mi hija la vio. 

   ¿El dibujo quedo tan feo que te hizo llorar? - 

   Jajaja, no hija, quedó demasiado hermoso, lloro por felicidad. - La agarré de la mano, agarré su dibujo y lo guardé en el maletín que llevaba en la mano, fuimos hasta el carro. 

   Y cuéntame, ¿Qué hiciste hoy? - 

   Pues hoy hablamos de nuestro futuro... Y yo dije que quería ser una bailarina, perdón por no ser lo que tu eres... - 

   No te preocupes mi vida, puedes ser lo que te haga más feliz en la vida... - 

   Papi, ¿Y cuál era tu sueño? - 

   ¿Mi sueño...? Mi sueño eres tú, principessa mía... Te amo, Vittoria Sophia. - Le dije, con un beso en la frente.

Problemas.

   La situación en la casa había empeorado, solo habían peleas, Vittoria estaba asustada, sentada en un rincón viendo como su madre me gritaba, mientras que yo estaba ahí sin hacer nada, solo escuchar.

   Después de la discusión de una sola persona me volví a mi hija que estaba llorando, una niña de seis años no podía presenciar esas peleas, pero era indispensable para el crecimiento de un niño.

   Ven mi vida. - La cargué en brazos y la llevé hasta su cuarto, la ayudé a ponerse su pijama y después la costé en su cama, la arropé y le prendí su lampara.

   ¿Por qué tú y mami estaban peleando? - Preguntó secándose las últimas lágrimas.

   Porque mi trabajo no es suficiente para pagar las cosas de la casa, ni darte lo que quieres... -

   ¿Y por qué mami no trabaja? -

   Porque ella está pendiente de la casa y no le da tiempo de hacer otras cosas, bebé. -

   Mmm... Pero si ella trabaja habría más dinero, pagan a una señora que limpie y queda más dinero para nosotros. - Pude ver como mi hija tenía el intelecto de su padre, mi forma de interponer la lógica en todos lados.

   No hay problema hija, en la vida no hay que buscar culpables sino soluciones, yo trabajaré más fuerte y te daré todo lo que quieras a ti y a tu mamá, quiero verlas felices a ambas. -

   Te amo, papi. - Se recostó sobre su almohada. - ¿Puedes dormir hoy conmigo? Siempre duermes con mami... - Me acosté a su lado, los pies aún sobresalían de la cama, ella se volteó y me abrazó, ambos nos quedamos dormidos.

Trabajo y Familia.

   Escuché la puerta abrirse, se asomaron unos cabellos negros enrulados, una piel tostada y un ojo marrón miel me miraba temeroso.

   ¿Papi... Puedo pasar? - Me dijo mi hija, tenía un tono de voz tímido, siempre le había dicho que ella me distraía cuando trabajaba, pero esta vez le dije "Entra mi vida". Ella entró corriendo, se me acercó, la cargué y la senté en mis piernas.

   ¿Qué haces? -

   Estoy trabajando. - Tomaba ciertos lápices y seguía diseñando una casa.

   ¿Y de qué es tu trabajo? - Me preguntó mientras la acomodaba bien sobre mis piernas.

   ¿De qué? Pues... Yo me encargo de dibujar casas, centro comerciales... Castillos... - Mi tono de voz sonó misterioso.

   ¿¡CASTILLOS!? -

   Si... ¿Los quieres ver...? -

   ¡Sí. Sí. Sí! - Me imploraba, me agarró la camisa. - ¡Por fa...!

   Bueno, ve a esa biblioteca y saca el libro que más te guste. - Ella se bajó corriendo y buscó un libro rosado que había entre todos las carpetas negras que habían ahí.

   ¿Ese? -

   ¡Sí! - Me dijo emocionada con el libro presionado a su cuerpo con sus pequeños bracitos.

   Bueno, ven, veamos lo que hay allí adentro. - Ella se volvió a sentar en mis piernas, abrimos el libro sobre el plano en el que estaba trabajando.

   El libro tenía dibujos que hacía cuando tenía alrededor de diecisiete años más o menos, castillos flotantes, puentes flotantes, dragones escalando un castillo y todas esas cosas que vuelven loca a una niña de tres años.

   ¿Te gusta hacer esto? - Me preguntó cabizbaja, ese ánimo había desaparecido.

   Sí, mi vida... - Sabía por donde venía esa pregunta.

   ¿Te gusta más que yo? - Esa pregunta destruyó todo en mi... Aguante las ganas de no llorar.

   ¿Por qué me preguntas eso? -

   Porque estás más tiempo aquí que conmigo... -

   Perdón bebé, es que con esto gano dinero para que tú y tu mamá sean felices... Pero... ¿Me quieres ayudar con esta casa y después voy y duermo contigo...? ¿Quieres?

   Está bien... -

   Toma. - Le di un lápiz y estuvimos los dos, mi hija el ser que más amo en el mundo haciendo lo que me apasiona. Se hizo más de noche y ella se quedó dormida sobre mis piernas, con un brazo la acurrucaba a mi cuerpo, era muy pequeña. La cargué y la llevé a su cuarto, su cuna fue reemplazada por una cama, aunque yo era muy grande ahí dormí, abrazado a mi hija...

Desvelos.

   Un sonido fuerte me despertó, miré al lado derecho de la cama y mi esposa me dio un golpe con su codo, entendí esa indirecta, me senté en el borde de la cama, me pasé las manos por los ojos, intentando despertarme. Miré la hora... 2:43am. Caminé en dirección al sonido, llegué, tomé un envase de plástico, parecía más goma que plástico, le vertí un poco de agua y unas cucharadas de leche para bebés, lo tapé y lo batí, para que se mezclara. Luego caminé hasta la cuna, tomé a mi hija de un mes en brazos, le di el tetero mientras caminaba por el cuarto con ella en brazos. Se me cansaron los pies y me senté en una mecedora, ella ya se había tomado la mitad del tetero.

  ¿Te puedo contar una historia? - Dije, ella se volvió y me vio a los ojos, sus bellos ojos me cautivaron. - Bueno... Lo dejo cuando estés más grande. 

   Le quité el envase vacío, y la costé sobre mi pecho. Su cabeza quedaba justamente debajo de mi barnilla. Le di leves palmaditas en la espalda para sacarle los gases. El lento ir y venir de la mecedora la durmió a ella y a mi también. Inconscientemente ella me agarro del dedo, solo quería estar con su padre. Te amo Vittoria Sophia.

viernes, 12 de julio de 2013

Nacimiento.

   Ahí estaba yo, mirando como entraban una serie de hombres con batas blancas a esa habitación, luego me llamaron a mi, no sabía que reacción tomar, no sabía si de preocupación o felicidad. 

   Pasé a través de la puerta, había mucho movimiento, mi esposa estaba allí acostada de piernas abiertas sobre esa camilla, estaba pujando. Me acerqué con una sonrisa, aunque no se podía ver porque traía un tapa bocas puesto. 

   Hola.- Fue lo que dije, mi mente estaba pensando en mil cosas a la vez. 

   ¿¡HOLA!? ¿¡ESO ES TODO!?- Me gritó esa mujer, tenía la respiración entre cortada, se veía que estaba agitada. La tomé de la mano, ella me la sujetó con fuerzas.

   Ahora comenzarás a pujar, estás en la fase de alumbramiento...- Dijo el doctor que la atendía, ella hizo caso y comenzó ese forzoso proceso de dar a luz. Me agarró la mano con mucha más fuerza que antes, y más, gritaba, estaba sudando a chorros y después... Calma, todo se volvió en un silencio ensordecedor, un ligero golpe y luego un llanto, poco a poco la sala volvió en calma, me incliné, me quité el tapa bocas y besé a mi mujer, pegué mi frente con la de ella, una lágrima bajaba por mi mejilla.

   ¿Por qué lloras, bobo? - 

   Porque tú... me haz hecho el hombre más feliz del mundo, no sé que decir, solo que te amo...-

   Después de unos pocos minutos volvió una enfermera, con unos trapos blancos entre sus brazos....

   Tengan, felicitaciones a ambos.- Nos dijo y se retiró.

   Mi esposa tomó esos trapos, quitó ciertos paños de un rosa fuerte, y salió a descubierto unos cabellos negros, una nariz rosa, mejillas rosadas y unos hermosos ojos marrones miel. Esos grandes ojos miraron fijamente los míos, penetraron en mi alma, me sentí completo, esa hermosa criatura era mi hija, llevaba mi sangre, comencé a llorar con una sonrisa en mi rostro. 

   ¿Cómo la llamaremos?- Me dijo mi esposa, mientras le acomodaba el gorrito rosa tejido a mano por mi mamá para su nieta.

   Se llamará... Vittoria Sophia... -