lunes, 19 de agosto de 2013

Partida.

  Sebástian... - Lo llamé.

   ¿Si, padre? - 

   Ven hijo, necesitamos hablar. - Ambos caminamos hasta la sala, había un piano de cola de una madera bastante oscura, en frente de este había una chimenea, la prendíamos los días de reunión familiar, esta vez mi hija y yo nos sentamos en el sofá. Mi hijo de diecisiete años se sentó a mi lado.

   Hijo... Tengo que decirte que tengo una enfermedad y es posible que algún día muera, quería que sepas que tú y Vittoria son lo mejor que me pudiera dar tu madre, la persona que me ayudó a cumplir mis sueños, también la amo inmensamente, siempre recuerda esas horas que pasamos jugando fútbol o basket, no sé el día que me vaya, pero espero verte casado a ti y a Vittoria, espero escuchar esos gritos de "¡ABUELO!" por toda la casa, no sé cuanto tiempo me queda pero quiero decirles que sean felices, no importa cuan negra esté la situación, denles una sonrisa a la vida y esta se la devolverá... - Una lágrima bajaba por mi mejilla. - Te lo digo a ti porque eres más maduro de ellas y el que crié con más carácter, quiero que seas un profesional de esos que cambian el mundo, que sepas como cuidar a una mujer, por eso te crié, pero recuerda te amo inmensamente. - Abrí mis brazos y abracé a mi hijo, el sacó la frialdad y madurez de afrontar las cosas de su padre, solo dejó caer una lágrima, pero me abrazaba con fuerza. 

   Padre, gracias por todo lo que haz hecho por nosotros, de verdad no hay forma en la que te pueda agradecer todo lo que hiciste, te amo Pa... - 

   Bueno, vayámonos preparando, necesito llegar temprano a la boda, después de todo... Soy el padre de la novia.

lunes, 12 de agosto de 2013

Vestido rojo.

   Una multitud de personas estaba en el salón de fiestas. Yo bajaba y subía las escaleras constantemente. Mi esposa le daba la bienvenida a los invitados mientras que Sebástian estaba por ahí jugando con sus primos. Los saludaba a todos, llegaban amigos de Vittoria con un traje de gala, otros vestían con chaleco. Volví a subir las escaleras por última vez. La música electrónica dejó de ambientar la noche y sonó un vals. La Bella durmiente. Le tomé la mano a mi hija, juntos bajábamos las escaleras, su mano temblaba exageradamente, la sostuve con un poco más de fuerza, pero con el cariño que sólo un padre sabe. Los resplandores la iluminaron a ella, su vestido tenía pequeñas piedrecillas que se iluminaban, la cola se arrastraba, su tiara, pequeña, frágil... Su vestido rojo, sus cabellos ondulados que caían por encima de sus hombros, sus guantes del mismo color que el vestido. Alta y delgada como su padre, ojos miel y una hermosa sonrisa como la de su madre... Aún no me creo que hayan pasado 15 años desde la vez primera vez que la vi... 

  Se quedó parada en el centro de la multitud, todos la miraban, unos lloraban, otros reían, sus amigos la miraban más de lo que me hubiese gustado. Todos levantaron la copa de vino blanco del 94 que tenían en las manos. Tomé el micrófono. 

  Muy buenas tardes a todos... Gracias por asistir a esta noche, donde una de las personas que más amo en la vida está cumpliendo sus 15 años. Mi hija Vittoria... Recuerdo como si hubiese sido ayer, cuando por primera vez la cargué en brazos, sus ojitos grandes que no paraban de moverse y mirar a todos lados... Y mírenla hoy, ya es toda una mujer. Niña mía, te dedico estas palabras para que sepas que la vida tiene tragos amargos, luego muecas raras y por último sonrisas con las personas que amas... Gracias por terminar de llenar mi corazón, eras tú la persona destinada a tapar ese huequito que había en mi. Ahora hija, eres una mujer... Vienen nuevas oportunidades, nuevas aventuras, no las desaproveches... En la vida no hay nada más bonito que cometer errores y saber que los puedes arreglar. Feliz cumpleaños Principessa Vittoria. - Un beso en la frente, todos aplaudieron y gritaron al unísono "SALUD". 

   Comenzó el vals, tomé a mi hija por la cintura y con la mano izquierda le sostuve la derecha de ella.

   No puedo creer... Dos meses practicando esta canción y no pudiste agarrarle el ritmo... -

   Conoces acerca de mi deficiencia con respecto al baile... - Ella sonrió, apoyó su cabeza sobre mi hombro... 

   Te amo, papá... Gracias por todo... - Volví a sonreír. 

   No te preocupes mi vida, disfruta tu noche de estrellas. - Le di otro beso en la frente y la solté. Como es tradición primero bailó con los familiares, luego con los amigos.

   Baile sorpresa, confeti, pitos y boas de plumas... El cotillón fue un poco más a mi estilo, más alocado e improvisado. 

   Su torta... De tres pisos, cada piso comenzaba con un vuelo y subía de forma circular hasta el siguiente piso. En el más alto había un "15". Mi esposa, mi hija y yo nos acomodamos juntos, todos los invitaron comenzaron a cantar el feliz cumpleaños, mientras que Vittoria veía la vela al mismo tiempo que lloraba. Yo rodeé su cintura con mi mano, la pegué a mi cuerpo. Al terminar todos, ella cerró los ojos, pidió un deseo y luego sopló sus 15 años. 

   Todos se despidieron, llevaban pedazos de torta en las manos, me felicitaban por lo bien que había quedado la fiesta, felicitaban por última vez a Vittoria. Fuimos los últimos en salir al recoger nuestras cosas y guardarlo en el carro. Unas amigas de Vittoria se iban a quedar en la casa, ya que iban a hacer una pijamada... Apostaría todo a que ninguna iba a durar hasta las 12:00am. 

   Papá... Te digo cual fue mi deseo... - Me dijo mi hija al oído. 

   Bueno, dime. ¿Qué deseo pediste? - 

   Que tú seas eterno... - Me dio un beso en la mejilla y se sentó al espaldar.

La princesa y el campesino.

   ¡¡Mamá!! - Escuché el grito de mi hija, solté los trastes que estaba lavando y corrí hasta su habitación, abrí la puerta lo más rápido que pude, su cuarto se encontraba solo, no había nadie, volví a escuchar aquel grito que provenía de su baño, abrí la puerta, mi hija estaba sentada sobre el retrete, manchas de sangre resbalan por la parte de adentro de su pierna, ella se volteó.

   Mami, graci - Quedó petrificada al verme. - ¡¡SAL DE AQUÍ!! - Me gritó, yo no aguantaba la risa. 

   ¿¡Que sucede!? ¿¡Por qué tantos gritos!? - Preguntó mi esposa, conmocionada de tanta locura esa noche en la casa. 

   Pues... Vittoria está en sus días... - Le dije, estallé de risa. 

   ¿Ah? - Mi esposa no pareció entenderme. 

   Sólo entra y te darás cuenta. - 

   Luego de una larga charla entre mujeres mi esposa salió de la habitación de mi hija, yo estaba afuera en la mesa leyendo un libro con una tasa de café al lado. Noté que había salido y aproveché para entrar a la habitación de mi hija, ella estaba en pijamas, su pelo negro y liso bajaban hasta poco después de sus hombros, sus ojos miel grandes, su cuerpo, acaba de madurar, ya dejó de ser esa niña para convertirse en una mujer. 

   Ven mi vida, hablemos... - Me senté en su cama, ella se sentó a mi lado, estaba apenada, desde esa distancia escuchaba su corazón latir con fuerzas, yo dejé salir un suspiro. - ¿Sabes? ¿De qué quieres hablar?

   ¿Pues... No sé... Cómo se conocieron tú y mamá? - Dijo aún ruborizada. 

   Mmmm... Ahora recuerdo, cuando tu apenas eras una bebé de un mes quise contarte una historia, después me pareció absurdo contártela con solo un mes... Pero ahora me parece buena idea, bueno, la historia se llama "La princesa y el campesino" Un día estaba esa princesa, estaba acostumbrada a una vida fácil, una vida de que todo lo quería, muchos príncipes la lastimaron, ella ya no quería saber nada, pero para despejar su mente le dijo a uno de sus guardias que la acompañara al pueblo, y salió del castillo, anduvieron en el pueblo un rato, ella veía el paisaje, y su mirada se cruzó con la de un campesino que labraba la tierra y humildemente se quitó el gorro en respeto a ella. Ella le ordena al guardia que detenga la carroza y se baja, se acerca al campesino. 

   Oiga, usted, señor... - 

   El campesino volteó a mirarla, pues sólo tenía dieciséis años, la misma edad de esa princesa.

   Si, señorita, dígame. - Dijo el campesino. 

   ¿No te cansas de labrar tanta tierra? Mira el tiempo, sabes que va a llover, ¿Eso no dañará la tierra y mañana tendrás que volverlo a hacer? - 

   Sí, mi princesa, pero esto es algo que me gusta hacer y no me importaría hacerlo todos los días, llámeme bobo o bruto, pero está en mi... - 

   La princesa quedó atónita con esa respuesta... Una serie de palabras bien usadas sirvieron para abrirle los ojos a la princesa, se dio cuenta del mensaje del campesino "No importa cuantas veces tenga que caer, soy lo suficientemente fuerte para pararme y seguir trabajando mi tierra" lo que entendió, su tierra, su día a día, su vida, caía, pero se levantaba y demostraba que podía hacerlo, ese sentimiento era lo que le faltaba a la princesa para poder tenerlo todo, se adentró a la tierra, tomó uno de los rastrillos, y al lado del joven campesino ella comenzó a labrar la tierra. 

   Esa princesa, que nunca luchó por nada y cuando se daba cuenta de que fallaba en algo lo dejaba todo, pero el campesino le demostró otra forma de vida, de como estar lleno de todo sin tener nada... Hoy en día ese campesino le cuenta esa historia a su hija... 

   ¡Papá! y ¿Cómo se llama la hija del campesino? - 

   ¿Cómo? Pues... Tiene un nombre muy bonito, que había pensado en ella mucho antes de saber que iba a ser padre, su nombre es... Vittoria Sophia...

Nuevo integrante.

   ¿Papi... Tú vas a querer más al nuevo bebé? - Me preguntó mi hija de  siete años y medio.

   Hija, el amor se puede demostrar de diferentes maneras, a ti te amo como mi hija y tú siempre serás mi princesa pequeña, ¿Está bien? -

   Mi hija me abrazó, pegó su pequeño rostro a mi cuello. - Te amo papi.

   Yo te amo muchísimo más. -

   Después de unos minutos en la sala de espera Vittoria y yo entramos, vimos a mi esposa acostada en la camilla, tenía una sonrisa de satisfacción. Me acerqué a ella con Vittoria en brazos.

   Es igual a ti mi vida. - Me dijo mientras le quitaba las sabanitas de la cara, era moreno ojos marrones, pelo negro y babeado y una nariz igual a la mía.

   ¿Cómo se llamará? - Pregunté al mismo tiempo que agarraba de la mano a mi esposa.

   ¡YO, YO, YO! - Gritaba emocionada Vittoria.

   Bueno, ¿Cómo quieres que se llame? -

   Se llamará Sebástian Alejandro ¿Les gusta? -

   Claro que sí mi cielo. - Dijo mi esposa besando en la frente a Sebástian.

jueves, 1 de agosto de 2013

Salidas.

 Pasé toda la mañana guardando cosas en la maleta del carro, una bicicleta, una cava y unas sillas, en  los puestos de atrás guardé otras cosas. 

   ¿A dónde vamos? - 

   Vamos a la vereda, mi vida. - Entramos todos al carro y conduje hasta la vereda del Lago, era un domingo bastante soleado, pero habían nubes y un viento que se colaba por los huesos. 

   Al llegar nos bajamos del carro y llevamos las cosas hasta una zona con un pasto bastante espeso, para poder sentarnos, al frente de nosotros se podía ver el lago, que estaba después de una rejillas de seguridad, el paso para los patinadores, trotadores y los campistas dominicales. 

   ¡Vamos! ¡Vamos! ¡Quiero ver el mar! - 

   Ese no es el mar princesa, es un lago, el agua del mar es salda y la del lago es dulce. -

   ¡Bueno no importa, quiero ir a verlo! - Me agarro la mano y me llevo a arrastras hasta la rejilla, quedó contemplada, veía las lanchas pasar, y los barcos más grande atracar en el muelle. - ¡Que hermoso! 

   Sí... Ven, anda a jugar con tu bicicleta. - Ella fue corriendo, se colocó su casco y montó en su bici, comenzó a manejarla cerca de nosotros. 

   Estás distante. - Le dije a mi esposa, ella se volvió a mirarme.

   No sé... - Me respondió de la forma más fría que pudo. 

   Me incliné hacia atrás apoyado por mis manos. - De verdad no sé que pasó, todo antes era mejor, había esa chispa en nosotros que nos mantenía unidos, nos hacia confiar bobamente uno del otro, pero hoy solo hay nubes en nuestras vidas, nubes que no nos dejan ver las mejores cosas de ambos... Quisiera volver en el pasado y saber en qué nos equivocamos y así poder arreglarlo... 

   Es que... últimamente hemos estado muy lejos, yo me he apartado, ya no me siento acompañada, siento que te estorbo a cumplir tus metas, a ser feliz, lo único que hago es pelear, molestarme por todo... Porque veo en ti lo que yo no logré ser, por eso cuando cometes un error quiero que lo corrijas y sé que de la forma en la que te lo digo no es la mejor, pero eso es parte de mi, tú eras ese sueño inalcanzable, te alcancé y me quedé sin sueños por cumplir.... - Comenzó a llorar, pero no era un llanto de esos con drama y demás, era un llanto de decepción a si misma. 

   ¿Alguna vez te haz preguntado por qué te elegí a ti, mi acompañante para el resto de la vida? - 

   Sí, muchas veces, también he pensado que es uno de los mayores errores que haz cometido en tu vida... - 

   No, no lo creo, te elegí porque tú me haces feliz, tú eres esa mujer que esperé por tanto tiempo, nuestra hija es un tesoro que te agradeceré inmensamente hasta que muera, salió idéntica a su madre, Ey... Te amo, principessa mía... Tú y nuestra hija son mi tesoro más grande en este mundo... Nunca lo olvides. - Y entonces besé a mi esposa, mientras le tomaba la mano, sus lágrimas aún corrían pero ahora era por felicidad... Después de seis años volví a agarrarle la mano a mi mujer.