Una multitud de personas estaba en el salón de fiestas. Yo bajaba y subía las escaleras constantemente. Mi esposa le daba la bienvenida a los invitados mientras que Sebástian estaba por ahí jugando con sus primos. Los saludaba a todos, llegaban amigos de Vittoria con un traje de gala, otros vestían con chaleco. Volví a subir las escaleras por última vez. La música electrónica dejó de ambientar la noche y sonó un vals. La Bella durmiente. Le tomé la mano a mi hija, juntos bajábamos las escaleras, su mano temblaba exageradamente, la sostuve con un poco más de fuerza, pero con el cariño que sólo un padre sabe. Los resplandores la iluminaron a ella, su vestido tenía pequeñas piedrecillas que se iluminaban, la cola se arrastraba, su tiara, pequeña, frágil... Su vestido rojo, sus cabellos ondulados que caían por encima de sus hombros, sus guantes del mismo color que el vestido. Alta y delgada como su padre, ojos miel y una hermosa sonrisa como la de su madre... Aún no me creo que hayan pasado 15 años desde la vez primera vez que la vi...
Se quedó parada en el centro de la multitud, todos la miraban, unos lloraban, otros reían, sus amigos la miraban más de lo que me hubiese gustado. Todos levantaron la copa de vino blanco del 94 que tenían en las manos. Tomé el micrófono.
Muy buenas tardes a todos... Gracias por asistir a esta noche, donde una de las personas que más amo en la vida está cumpliendo sus 15 años. Mi hija Vittoria... Recuerdo como si hubiese sido ayer, cuando por primera vez la cargué en brazos, sus ojitos grandes que no paraban de moverse y mirar a todos lados... Y mírenla hoy, ya es toda una mujer. Niña mía, te dedico estas palabras para que sepas que la vida tiene tragos amargos, luego muecas raras y por último sonrisas con las personas que amas... Gracias por terminar de llenar mi corazón, eras tú la persona destinada a tapar ese huequito que había en mi. Ahora hija, eres una mujer... Vienen nuevas oportunidades, nuevas aventuras, no las desaproveches... En la vida no hay nada más bonito que cometer errores y saber que los puedes arreglar. Feliz cumpleaños Principessa Vittoria. - Un beso en la frente, todos aplaudieron y gritaron al unísono "SALUD".
Comenzó el vals, tomé a mi hija por la cintura y con la mano izquierda le sostuve la derecha de ella.
No puedo creer... Dos meses practicando esta canción y no pudiste agarrarle el ritmo... -
Conoces acerca de mi deficiencia con respecto al baile... - Ella sonrió, apoyó su cabeza sobre mi hombro...
Te amo, papá... Gracias por todo... - Volví a sonreír.
No te preocupes mi vida, disfruta tu noche de estrellas. - Le di otro beso en la frente y la solté. Como es tradición primero bailó con los familiares, luego con los amigos.
Baile sorpresa, confeti, pitos y boas de plumas... El cotillón fue un poco más a mi estilo, más alocado e improvisado.
Su torta... De tres pisos, cada piso comenzaba con un vuelo y subía de forma circular hasta el siguiente piso. En el más alto había un "15". Mi esposa, mi hija y yo nos acomodamos juntos, todos los invitaron comenzaron a cantar el feliz cumpleaños, mientras que Vittoria veía la vela al mismo tiempo que lloraba. Yo rodeé su cintura con mi mano, la pegué a mi cuerpo. Al terminar todos, ella cerró los ojos, pidió un deseo y luego sopló sus 15 años.
Todos se despidieron, llevaban pedazos de torta en las manos, me felicitaban por lo bien que había quedado la fiesta, felicitaban por última vez a Vittoria. Fuimos los últimos en salir al recoger nuestras cosas y guardarlo en el carro. Unas amigas de Vittoria se iban a quedar en la casa, ya que iban a hacer una pijamada... Apostaría todo a que ninguna iba a durar hasta las 12:00am.
Papá... Te digo cual fue mi deseo... - Me dijo mi hija al oído.
Bueno, dime. ¿Qué deseo pediste? -
Que tú seas eterno... - Me dio un beso en la mejilla y se sentó al espaldar.
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