domingo, 23 de febrero de 2014

Despedida.

   Ahí estaba Vittoria, en sus  manos sostenía una carta "Historias de un padre", se llamaba, el hombre que lo había escrito estaba ya cerca de su muerte, mantenía sus últimos suspiros gracias a unas máquinas. 

   ¿Qué te pareció? - Le preguntó el hombre con las pocas energías que le quedaban, sufría del corazón, tenía cuarenta y ocho años, había vivido más de lo que le habían dicho los doctores a sus dieciséis años, le habían dicho que no viviría más de los 28 años, pero el se dio una razón para llegar hasta ahí.

   ¿Cuándo la escribiste...? - Dijo la mujer, que después de un año de su boda su padre cayó en esa situación, Vittoria, tenía unas cuantas lágrimas en su rostro, con su hermano a su lado.

   Hace... pocos días atrás... -

   Padre... - Dijo Vittoria. - Estoy embarazada, serás abuelo... - La mujer se inclinó hacia a él, la máquina emitía un pitido constante y fuerte, su padre ya no estaba ahí. 

   Gracias por ser ese padre que estuvo ahí conmigo, te amo papito. Una vez me contaste una historia, de una princesa y un campesino, ambas almas descendían de una misma alma, por eso estaban destinados a estar juntos, realmente tu otra alma era mi mamá y tú eras ese campesino, tú tuviste una verdadera historia de amor... Quiero que la mía sea igual a la tuya... 

                                                              Te amo papá....

Boda.

   ¿Estás nerviosa? - Le agarré la mano con fuerza.

   Un poco... - La mano le temblaba, me voltee a mirarla y estaba llorando, me acerqué lentamente, le recogí el velo y le sequé las lágrimas. Le di un beso en la frente.

   Te amo principessa mía. -

   Tengo miedo de que él cambie, de que se comporte diferente, quiero que sea un esposo como tú eres con mamá, y quiero que sea un padre igual a ti... Tengo miedo de alejarme de ti... - Volvió a llorar, me destrozaba verla así, después de todo es mi hija la que se marchará de mi lado.

   Bebé, tu vida no puede ser igual a cómo estás acostumbrada, porque sería muy aburrida, si él te ama quédate a su lado, ámalo inmensamente. - Le volví a secar las lágrimas y le coloqué el velo. - Te amo, niña mía. - Entrelacé mi brazo con el de ella, las puertas de la iglesia se abrieron lentamente, habían demasiadas personas, vi a todos mis primos, pero resaltaban más Paola y Paulina, ambas lloraban de alegría, los gemelos que ya no eran tan iguales como antes, Maria Laura que ya estaba hecha toda una mujer con su novio, y su hermana, vi a todos mis tíos, todos observaban a mi hija, como ella caminaba hacia el altar. Ahí estaba, la mujer que elegí como mi acompañante en la vida eterna, mi esposa, mi dama, mi Otra Parte, mi Brida, mi todo, estaba ahí sentada, con los ojos llorosos y con una sonrisa. Dejé a mi hija en el altar, mientras me sentaba al lado de mi amor eterno.

   ¿Te acuerdas cuando nosotros estábamos en ese lugar? Tú sonreías inocentemente... -

   Sí, nunca quise que este día llegara. -

   Yo tampoco pero ella tiene derecho a amar ¿O me dirás que tus padres nos veían diferente cuando tú y yo nos casamos? -

   Su vestido blanco escotado en la Parte de atrás de su espalda, esos detalles en dorado, su sonrisa... Mi hija...

   ¿Vittoria, aceptas a este hombre como tu legítimo esposo? - Todo se volvió blanco, sólo los veía a ellos dos ahí parados, escuchaba cada palabra de mi hija... y su "Acepto" culminó su oración.

   ¿Y tú Alexander? ¿Aceptas a Vittoria como tu legítima esposa? -

   Acepto. - Su voz se escuchó firme y sin ningún tipo de miedo, él pertenecía a nuestra familia por más de unos ocho años, cuando mi hija lo hizo oficial a los dieciséis años. En ese tiempo había salido a solas con él, preguntándole sobre su futuro, su forma de ser, que opinaba de mi hija, y pues... Acertó en cada respuesta, como si fuese yo el que estuviese hablando. <<Serás un buen yerno...>> Le dije, y el sólo se rió.

lunes, 19 de agosto de 2013

Partida.

  Sebástian... - Lo llamé.

   ¿Si, padre? - 

   Ven hijo, necesitamos hablar. - Ambos caminamos hasta la sala, había un piano de cola de una madera bastante oscura, en frente de este había una chimenea, la prendíamos los días de reunión familiar, esta vez mi hija y yo nos sentamos en el sofá. Mi hijo de diecisiete años se sentó a mi lado.

   Hijo... Tengo que decirte que tengo una enfermedad y es posible que algún día muera, quería que sepas que tú y Vittoria son lo mejor que me pudiera dar tu madre, la persona que me ayudó a cumplir mis sueños, también la amo inmensamente, siempre recuerda esas horas que pasamos jugando fútbol o basket, no sé el día que me vaya, pero espero verte casado a ti y a Vittoria, espero escuchar esos gritos de "¡ABUELO!" por toda la casa, no sé cuanto tiempo me queda pero quiero decirles que sean felices, no importa cuan negra esté la situación, denles una sonrisa a la vida y esta se la devolverá... - Una lágrima bajaba por mi mejilla. - Te lo digo a ti porque eres más maduro de ellas y el que crié con más carácter, quiero que seas un profesional de esos que cambian el mundo, que sepas como cuidar a una mujer, por eso te crié, pero recuerda te amo inmensamente. - Abrí mis brazos y abracé a mi hijo, el sacó la frialdad y madurez de afrontar las cosas de su padre, solo dejó caer una lágrima, pero me abrazaba con fuerza. 

   Padre, gracias por todo lo que haz hecho por nosotros, de verdad no hay forma en la que te pueda agradecer todo lo que hiciste, te amo Pa... - 

   Bueno, vayámonos preparando, necesito llegar temprano a la boda, después de todo... Soy el padre de la novia.

lunes, 12 de agosto de 2013

Vestido rojo.

   Una multitud de personas estaba en el salón de fiestas. Yo bajaba y subía las escaleras constantemente. Mi esposa le daba la bienvenida a los invitados mientras que Sebástian estaba por ahí jugando con sus primos. Los saludaba a todos, llegaban amigos de Vittoria con un traje de gala, otros vestían con chaleco. Volví a subir las escaleras por última vez. La música electrónica dejó de ambientar la noche y sonó un vals. La Bella durmiente. Le tomé la mano a mi hija, juntos bajábamos las escaleras, su mano temblaba exageradamente, la sostuve con un poco más de fuerza, pero con el cariño que sólo un padre sabe. Los resplandores la iluminaron a ella, su vestido tenía pequeñas piedrecillas que se iluminaban, la cola se arrastraba, su tiara, pequeña, frágil... Su vestido rojo, sus cabellos ondulados que caían por encima de sus hombros, sus guantes del mismo color que el vestido. Alta y delgada como su padre, ojos miel y una hermosa sonrisa como la de su madre... Aún no me creo que hayan pasado 15 años desde la vez primera vez que la vi... 

  Se quedó parada en el centro de la multitud, todos la miraban, unos lloraban, otros reían, sus amigos la miraban más de lo que me hubiese gustado. Todos levantaron la copa de vino blanco del 94 que tenían en las manos. Tomé el micrófono. 

  Muy buenas tardes a todos... Gracias por asistir a esta noche, donde una de las personas que más amo en la vida está cumpliendo sus 15 años. Mi hija Vittoria... Recuerdo como si hubiese sido ayer, cuando por primera vez la cargué en brazos, sus ojitos grandes que no paraban de moverse y mirar a todos lados... Y mírenla hoy, ya es toda una mujer. Niña mía, te dedico estas palabras para que sepas que la vida tiene tragos amargos, luego muecas raras y por último sonrisas con las personas que amas... Gracias por terminar de llenar mi corazón, eras tú la persona destinada a tapar ese huequito que había en mi. Ahora hija, eres una mujer... Vienen nuevas oportunidades, nuevas aventuras, no las desaproveches... En la vida no hay nada más bonito que cometer errores y saber que los puedes arreglar. Feliz cumpleaños Principessa Vittoria. - Un beso en la frente, todos aplaudieron y gritaron al unísono "SALUD". 

   Comenzó el vals, tomé a mi hija por la cintura y con la mano izquierda le sostuve la derecha de ella.

   No puedo creer... Dos meses practicando esta canción y no pudiste agarrarle el ritmo... -

   Conoces acerca de mi deficiencia con respecto al baile... - Ella sonrió, apoyó su cabeza sobre mi hombro... 

   Te amo, papá... Gracias por todo... - Volví a sonreír. 

   No te preocupes mi vida, disfruta tu noche de estrellas. - Le di otro beso en la frente y la solté. Como es tradición primero bailó con los familiares, luego con los amigos.

   Baile sorpresa, confeti, pitos y boas de plumas... El cotillón fue un poco más a mi estilo, más alocado e improvisado. 

   Su torta... De tres pisos, cada piso comenzaba con un vuelo y subía de forma circular hasta el siguiente piso. En el más alto había un "15". Mi esposa, mi hija y yo nos acomodamos juntos, todos los invitaron comenzaron a cantar el feliz cumpleaños, mientras que Vittoria veía la vela al mismo tiempo que lloraba. Yo rodeé su cintura con mi mano, la pegué a mi cuerpo. Al terminar todos, ella cerró los ojos, pidió un deseo y luego sopló sus 15 años. 

   Todos se despidieron, llevaban pedazos de torta en las manos, me felicitaban por lo bien que había quedado la fiesta, felicitaban por última vez a Vittoria. Fuimos los últimos en salir al recoger nuestras cosas y guardarlo en el carro. Unas amigas de Vittoria se iban a quedar en la casa, ya que iban a hacer una pijamada... Apostaría todo a que ninguna iba a durar hasta las 12:00am. 

   Papá... Te digo cual fue mi deseo... - Me dijo mi hija al oído. 

   Bueno, dime. ¿Qué deseo pediste? - 

   Que tú seas eterno... - Me dio un beso en la mejilla y se sentó al espaldar.

La princesa y el campesino.

   ¡¡Mamá!! - Escuché el grito de mi hija, solté los trastes que estaba lavando y corrí hasta su habitación, abrí la puerta lo más rápido que pude, su cuarto se encontraba solo, no había nadie, volví a escuchar aquel grito que provenía de su baño, abrí la puerta, mi hija estaba sentada sobre el retrete, manchas de sangre resbalan por la parte de adentro de su pierna, ella se volteó.

   Mami, graci - Quedó petrificada al verme. - ¡¡SAL DE AQUÍ!! - Me gritó, yo no aguantaba la risa. 

   ¿¡Que sucede!? ¿¡Por qué tantos gritos!? - Preguntó mi esposa, conmocionada de tanta locura esa noche en la casa. 

   Pues... Vittoria está en sus días... - Le dije, estallé de risa. 

   ¿Ah? - Mi esposa no pareció entenderme. 

   Sólo entra y te darás cuenta. - 

   Luego de una larga charla entre mujeres mi esposa salió de la habitación de mi hija, yo estaba afuera en la mesa leyendo un libro con una tasa de café al lado. Noté que había salido y aproveché para entrar a la habitación de mi hija, ella estaba en pijamas, su pelo negro y liso bajaban hasta poco después de sus hombros, sus ojos miel grandes, su cuerpo, acaba de madurar, ya dejó de ser esa niña para convertirse en una mujer. 

   Ven mi vida, hablemos... - Me senté en su cama, ella se sentó a mi lado, estaba apenada, desde esa distancia escuchaba su corazón latir con fuerzas, yo dejé salir un suspiro. - ¿Sabes? ¿De qué quieres hablar?

   ¿Pues... No sé... Cómo se conocieron tú y mamá? - Dijo aún ruborizada. 

   Mmmm... Ahora recuerdo, cuando tu apenas eras una bebé de un mes quise contarte una historia, después me pareció absurdo contártela con solo un mes... Pero ahora me parece buena idea, bueno, la historia se llama "La princesa y el campesino" Un día estaba esa princesa, estaba acostumbrada a una vida fácil, una vida de que todo lo quería, muchos príncipes la lastimaron, ella ya no quería saber nada, pero para despejar su mente le dijo a uno de sus guardias que la acompañara al pueblo, y salió del castillo, anduvieron en el pueblo un rato, ella veía el paisaje, y su mirada se cruzó con la de un campesino que labraba la tierra y humildemente se quitó el gorro en respeto a ella. Ella le ordena al guardia que detenga la carroza y se baja, se acerca al campesino. 

   Oiga, usted, señor... - 

   El campesino volteó a mirarla, pues sólo tenía dieciséis años, la misma edad de esa princesa.

   Si, señorita, dígame. - Dijo el campesino. 

   ¿No te cansas de labrar tanta tierra? Mira el tiempo, sabes que va a llover, ¿Eso no dañará la tierra y mañana tendrás que volverlo a hacer? - 

   Sí, mi princesa, pero esto es algo que me gusta hacer y no me importaría hacerlo todos los días, llámeme bobo o bruto, pero está en mi... - 

   La princesa quedó atónita con esa respuesta... Una serie de palabras bien usadas sirvieron para abrirle los ojos a la princesa, se dio cuenta del mensaje del campesino "No importa cuantas veces tenga que caer, soy lo suficientemente fuerte para pararme y seguir trabajando mi tierra" lo que entendió, su tierra, su día a día, su vida, caía, pero se levantaba y demostraba que podía hacerlo, ese sentimiento era lo que le faltaba a la princesa para poder tenerlo todo, se adentró a la tierra, tomó uno de los rastrillos, y al lado del joven campesino ella comenzó a labrar la tierra. 

   Esa princesa, que nunca luchó por nada y cuando se daba cuenta de que fallaba en algo lo dejaba todo, pero el campesino le demostró otra forma de vida, de como estar lleno de todo sin tener nada... Hoy en día ese campesino le cuenta esa historia a su hija... 

   ¡Papá! y ¿Cómo se llama la hija del campesino? - 

   ¿Cómo? Pues... Tiene un nombre muy bonito, que había pensado en ella mucho antes de saber que iba a ser padre, su nombre es... Vittoria Sophia...

Nuevo integrante.

   ¿Papi... Tú vas a querer más al nuevo bebé? - Me preguntó mi hija de  siete años y medio.

   Hija, el amor se puede demostrar de diferentes maneras, a ti te amo como mi hija y tú siempre serás mi princesa pequeña, ¿Está bien? -

   Mi hija me abrazó, pegó su pequeño rostro a mi cuello. - Te amo papi.

   Yo te amo muchísimo más. -

   Después de unos minutos en la sala de espera Vittoria y yo entramos, vimos a mi esposa acostada en la camilla, tenía una sonrisa de satisfacción. Me acerqué a ella con Vittoria en brazos.

   Es igual a ti mi vida. - Me dijo mientras le quitaba las sabanitas de la cara, era moreno ojos marrones, pelo negro y babeado y una nariz igual a la mía.

   ¿Cómo se llamará? - Pregunté al mismo tiempo que agarraba de la mano a mi esposa.

   ¡YO, YO, YO! - Gritaba emocionada Vittoria.

   Bueno, ¿Cómo quieres que se llame? -

   Se llamará Sebástian Alejandro ¿Les gusta? -

   Claro que sí mi cielo. - Dijo mi esposa besando en la frente a Sebástian.

jueves, 1 de agosto de 2013

Salidas.

 Pasé toda la mañana guardando cosas en la maleta del carro, una bicicleta, una cava y unas sillas, en  los puestos de atrás guardé otras cosas. 

   ¿A dónde vamos? - 

   Vamos a la vereda, mi vida. - Entramos todos al carro y conduje hasta la vereda del Lago, era un domingo bastante soleado, pero habían nubes y un viento que se colaba por los huesos. 

   Al llegar nos bajamos del carro y llevamos las cosas hasta una zona con un pasto bastante espeso, para poder sentarnos, al frente de nosotros se podía ver el lago, que estaba después de una rejillas de seguridad, el paso para los patinadores, trotadores y los campistas dominicales. 

   ¡Vamos! ¡Vamos! ¡Quiero ver el mar! - 

   Ese no es el mar princesa, es un lago, el agua del mar es salda y la del lago es dulce. -

   ¡Bueno no importa, quiero ir a verlo! - Me agarro la mano y me llevo a arrastras hasta la rejilla, quedó contemplada, veía las lanchas pasar, y los barcos más grande atracar en el muelle. - ¡Que hermoso! 

   Sí... Ven, anda a jugar con tu bicicleta. - Ella fue corriendo, se colocó su casco y montó en su bici, comenzó a manejarla cerca de nosotros. 

   Estás distante. - Le dije a mi esposa, ella se volvió a mirarme.

   No sé... - Me respondió de la forma más fría que pudo. 

   Me incliné hacia atrás apoyado por mis manos. - De verdad no sé que pasó, todo antes era mejor, había esa chispa en nosotros que nos mantenía unidos, nos hacia confiar bobamente uno del otro, pero hoy solo hay nubes en nuestras vidas, nubes que no nos dejan ver las mejores cosas de ambos... Quisiera volver en el pasado y saber en qué nos equivocamos y así poder arreglarlo... 

   Es que... últimamente hemos estado muy lejos, yo me he apartado, ya no me siento acompañada, siento que te estorbo a cumplir tus metas, a ser feliz, lo único que hago es pelear, molestarme por todo... Porque veo en ti lo que yo no logré ser, por eso cuando cometes un error quiero que lo corrijas y sé que de la forma en la que te lo digo no es la mejor, pero eso es parte de mi, tú eras ese sueño inalcanzable, te alcancé y me quedé sin sueños por cumplir.... - Comenzó a llorar, pero no era un llanto de esos con drama y demás, era un llanto de decepción a si misma. 

   ¿Alguna vez te haz preguntado por qué te elegí a ti, mi acompañante para el resto de la vida? - 

   Sí, muchas veces, también he pensado que es uno de los mayores errores que haz cometido en tu vida... - 

   No, no lo creo, te elegí porque tú me haces feliz, tú eres esa mujer que esperé por tanto tiempo, nuestra hija es un tesoro que te agradeceré inmensamente hasta que muera, salió idéntica a su madre, Ey... Te amo, principessa mía... Tú y nuestra hija son mi tesoro más grande en este mundo... Nunca lo olvides. - Y entonces besé a mi esposa, mientras le tomaba la mano, sus lágrimas aún corrían pero ahora era por felicidad... Después de seis años volví a agarrarle la mano a mi mujer.

martes, 23 de julio de 2013

Pesadillas.

Escuché un grito fuerte y me levanté corriendo de mi cama. Abrí la puerta del cuarto de mi hija de siete años de edad. Ella estaba despierta, sudaba mucho, estaba acelerada. Se volteó a mirarme, noté el miedo en sus ojos, no sé cómo explicar cómo me sentí en ese momento. La abracé fuerte.

   ¿Qué pasó, principessa? ¿Por qué gritaste? - 

   ¡Tuve una pesadilla! ¡Tengo miedo! - Mi pequeña hija lloraba a chorros, temblaba. Yo la volví a abrazar, pero esta vez para demostrarle que yo estaba ahí y que nada le pasará mientras esté en mis brazos. 

   ¿Querrás contarme esa pesadilla? - Le sequé las lágrimas con dulzura, y le separé un mechón de cabello que caía y tapaba su ojo derecho. Sus hermosos ojos miel.

   Pues... Soñé que... Tú te ibas... Y no volvías... - Volvió a explotar en llanto, yo sonreí, le volví a secar las lágrimas, y la miré fijamente a los ojos. 

   ¿Sabes? Te diré un secreto... Cuando yo era adolescente, poco antes de conocer a tu mamá, soñaba con tener una hermosa niña, con una nariz así como la tuya, unos ojos enormes y hermosos como los tuyos, con tu cabello... Y moría de ganas de decirle a mi hija "Principessa Vittoria"... Tú eres mi sueño, y no me alejaré de tu lado ni por un segundo, yo siempre te voy a amar por toda mi vida, siempre estaré ahí para ti. No te preocupes niña, yo soy un caballero, tu mi principessa... Y siempre te cuidaré, lucharé con todas las bestias temibles que vayan a tu castillo. - Comencé a hacerle cosquillas, su sonrisa iluminaba mi alma, era un foco de luz lleno de esperanza y sueños, metas por las cuales luchar. 

   Ven a dormir conmigo... - Me dijo mientras se arrimaba hacia un lado, dándome espacio para mi. 

   No... Yo no quepo en tu cama... - La cargué, y la llevé hasta mi cuarto, la acosté al lado de su madre y yo del otro lado, ella quedó en el medio de la cama, justamente como cuando ella tenía un año de edad...

Guardería.

   Ve a buscar a nuestra hija a la guardería. - Colgué el teléfono, y di vuelta a la guardería.

   Estacioné el carro cerca de la puerta, bajé y me dirigí hasta la sala donde estaba mi hija. Todas las profesoras me veían y me saludaban, niños corrían a mi alrededor, otros jugaban, no tenían más de seis años. Llegué al final del pasillo y abrí la puerta. 

   Buongiorno principessa Vittoria. - Dije, mi hija se volteó, sorprendida corrió a abrazarme, siempre le decía de esa manera, sus pequeños brazos rodeaban mi cuerpo, y sus manos llenas de pintura me mancharon toda la camisa. 

   ¿Qué haces? - Le pregunté. 

   Tarea, ¿Quieres ver? - 

   Bueno, muéstrame a ver que tan difícil es tu tarea. - Ella me agarró la mano y me condujo hasta la mesita, estaba dibujando... Recuerdo mi primer dibujo, eran dibujos de palitos, estaba yo agarrándole la mano a mi mamá, nosotros dos solos en todo el dibujo. Pero el dibujo de mi hija mostraba un poco más que eso, estaba ella agarrándole la mano a su mamá y con la otra mano agarraba la mía, una casa en el fondo, flores, un árbol, un paisaje cálido... 

   <<¡Quiero una familia... Quiero que cuando tenga hijos sus dibujos estén completos... No tan vacíos como los míos...!>> Me di cuenta que había logrado ese objetivo, solté una lágrima y mi hija la vio. 

   ¿El dibujo quedo tan feo que te hizo llorar? - 

   Jajaja, no hija, quedó demasiado hermoso, lloro por felicidad. - La agarré de la mano, agarré su dibujo y lo guardé en el maletín que llevaba en la mano, fuimos hasta el carro. 

   Y cuéntame, ¿Qué hiciste hoy? - 

   Pues hoy hablamos de nuestro futuro... Y yo dije que quería ser una bailarina, perdón por no ser lo que tu eres... - 

   No te preocupes mi vida, puedes ser lo que te haga más feliz en la vida... - 

   Papi, ¿Y cuál era tu sueño? - 

   ¿Mi sueño...? Mi sueño eres tú, principessa mía... Te amo, Vittoria Sophia. - Le dije, con un beso en la frente.

Problemas.

   La situación en la casa había empeorado, solo habían peleas, Vittoria estaba asustada, sentada en un rincón viendo como su madre me gritaba, mientras que yo estaba ahí sin hacer nada, solo escuchar.

   Después de la discusión de una sola persona me volví a mi hija que estaba llorando, una niña de seis años no podía presenciar esas peleas, pero era indispensable para el crecimiento de un niño.

   Ven mi vida. - La cargué en brazos y la llevé hasta su cuarto, la ayudé a ponerse su pijama y después la costé en su cama, la arropé y le prendí su lampara.

   ¿Por qué tú y mami estaban peleando? - Preguntó secándose las últimas lágrimas.

   Porque mi trabajo no es suficiente para pagar las cosas de la casa, ni darte lo que quieres... -

   ¿Y por qué mami no trabaja? -

   Porque ella está pendiente de la casa y no le da tiempo de hacer otras cosas, bebé. -

   Mmm... Pero si ella trabaja habría más dinero, pagan a una señora que limpie y queda más dinero para nosotros. - Pude ver como mi hija tenía el intelecto de su padre, mi forma de interponer la lógica en todos lados.

   No hay problema hija, en la vida no hay que buscar culpables sino soluciones, yo trabajaré más fuerte y te daré todo lo que quieras a ti y a tu mamá, quiero verlas felices a ambas. -

   Te amo, papi. - Se recostó sobre su almohada. - ¿Puedes dormir hoy conmigo? Siempre duermes con mami... - Me acosté a su lado, los pies aún sobresalían de la cama, ella se volteó y me abrazó, ambos nos quedamos dormidos.

Trabajo y Familia.

   Escuché la puerta abrirse, se asomaron unos cabellos negros enrulados, una piel tostada y un ojo marrón miel me miraba temeroso.

   ¿Papi... Puedo pasar? - Me dijo mi hija, tenía un tono de voz tímido, siempre le había dicho que ella me distraía cuando trabajaba, pero esta vez le dije "Entra mi vida". Ella entró corriendo, se me acercó, la cargué y la senté en mis piernas.

   ¿Qué haces? -

   Estoy trabajando. - Tomaba ciertos lápices y seguía diseñando una casa.

   ¿Y de qué es tu trabajo? - Me preguntó mientras la acomodaba bien sobre mis piernas.

   ¿De qué? Pues... Yo me encargo de dibujar casas, centro comerciales... Castillos... - Mi tono de voz sonó misterioso.

   ¿¡CASTILLOS!? -

   Si... ¿Los quieres ver...? -

   ¡Sí. Sí. Sí! - Me imploraba, me agarró la camisa. - ¡Por fa...!

   Bueno, ve a esa biblioteca y saca el libro que más te guste. - Ella se bajó corriendo y buscó un libro rosado que había entre todos las carpetas negras que habían ahí.

   ¿Ese? -

   ¡Sí! - Me dijo emocionada con el libro presionado a su cuerpo con sus pequeños bracitos.

   Bueno, ven, veamos lo que hay allí adentro. - Ella se volvió a sentar en mis piernas, abrimos el libro sobre el plano en el que estaba trabajando.

   El libro tenía dibujos que hacía cuando tenía alrededor de diecisiete años más o menos, castillos flotantes, puentes flotantes, dragones escalando un castillo y todas esas cosas que vuelven loca a una niña de tres años.

   ¿Te gusta hacer esto? - Me preguntó cabizbaja, ese ánimo había desaparecido.

   Sí, mi vida... - Sabía por donde venía esa pregunta.

   ¿Te gusta más que yo? - Esa pregunta destruyó todo en mi... Aguante las ganas de no llorar.

   ¿Por qué me preguntas eso? -

   Porque estás más tiempo aquí que conmigo... -

   Perdón bebé, es que con esto gano dinero para que tú y tu mamá sean felices... Pero... ¿Me quieres ayudar con esta casa y después voy y duermo contigo...? ¿Quieres?

   Está bien... -

   Toma. - Le di un lápiz y estuvimos los dos, mi hija el ser que más amo en el mundo haciendo lo que me apasiona. Se hizo más de noche y ella se quedó dormida sobre mis piernas, con un brazo la acurrucaba a mi cuerpo, era muy pequeña. La cargué y la llevé a su cuarto, su cuna fue reemplazada por una cama, aunque yo era muy grande ahí dormí, abrazado a mi hija...

Desvelos.

   Un sonido fuerte me despertó, miré al lado derecho de la cama y mi esposa me dio un golpe con su codo, entendí esa indirecta, me senté en el borde de la cama, me pasé las manos por los ojos, intentando despertarme. Miré la hora... 2:43am. Caminé en dirección al sonido, llegué, tomé un envase de plástico, parecía más goma que plástico, le vertí un poco de agua y unas cucharadas de leche para bebés, lo tapé y lo batí, para que se mezclara. Luego caminé hasta la cuna, tomé a mi hija de un mes en brazos, le di el tetero mientras caminaba por el cuarto con ella en brazos. Se me cansaron los pies y me senté en una mecedora, ella ya se había tomado la mitad del tetero.

  ¿Te puedo contar una historia? - Dije, ella se volvió y me vio a los ojos, sus bellos ojos me cautivaron. - Bueno... Lo dejo cuando estés más grande. 

   Le quité el envase vacío, y la costé sobre mi pecho. Su cabeza quedaba justamente debajo de mi barnilla. Le di leves palmaditas en la espalda para sacarle los gases. El lento ir y venir de la mecedora la durmió a ella y a mi también. Inconscientemente ella me agarro del dedo, solo quería estar con su padre. Te amo Vittoria Sophia.

viernes, 12 de julio de 2013

Nacimiento.

   Ahí estaba yo, mirando como entraban una serie de hombres con batas blancas a esa habitación, luego me llamaron a mi, no sabía que reacción tomar, no sabía si de preocupación o felicidad. 

   Pasé a través de la puerta, había mucho movimiento, mi esposa estaba allí acostada de piernas abiertas sobre esa camilla, estaba pujando. Me acerqué con una sonrisa, aunque no se podía ver porque traía un tapa bocas puesto. 

   Hola.- Fue lo que dije, mi mente estaba pensando en mil cosas a la vez. 

   ¿¡HOLA!? ¿¡ESO ES TODO!?- Me gritó esa mujer, tenía la respiración entre cortada, se veía que estaba agitada. La tomé de la mano, ella me la sujetó con fuerzas.

   Ahora comenzarás a pujar, estás en la fase de alumbramiento...- Dijo el doctor que la atendía, ella hizo caso y comenzó ese forzoso proceso de dar a luz. Me agarró la mano con mucha más fuerza que antes, y más, gritaba, estaba sudando a chorros y después... Calma, todo se volvió en un silencio ensordecedor, un ligero golpe y luego un llanto, poco a poco la sala volvió en calma, me incliné, me quité el tapa bocas y besé a mi mujer, pegué mi frente con la de ella, una lágrima bajaba por mi mejilla.

   ¿Por qué lloras, bobo? - 

   Porque tú... me haz hecho el hombre más feliz del mundo, no sé que decir, solo que te amo...-

   Después de unos pocos minutos volvió una enfermera, con unos trapos blancos entre sus brazos....

   Tengan, felicitaciones a ambos.- Nos dijo y se retiró.

   Mi esposa tomó esos trapos, quitó ciertos paños de un rosa fuerte, y salió a descubierto unos cabellos negros, una nariz rosa, mejillas rosadas y unos hermosos ojos marrones miel. Esos grandes ojos miraron fijamente los míos, penetraron en mi alma, me sentí completo, esa hermosa criatura era mi hija, llevaba mi sangre, comencé a llorar con una sonrisa en mi rostro. 

   ¿Cómo la llamaremos?- Me dijo mi esposa, mientras le acomodaba el gorrito rosa tejido a mano por mi mamá para su nieta.

   Se llamará... Vittoria Sophia... -