Escuché la puerta abrirse, se asomaron unos cabellos negros enrulados, una piel tostada y un ojo marrón miel me miraba temeroso.
¿Papi... Puedo pasar? - Me dijo mi hija, tenía un tono de voz tímido, siempre le había dicho que ella me distraía cuando trabajaba, pero esta vez le dije "Entra mi vida". Ella entró corriendo, se me acercó, la cargué y la senté en mis piernas.
¿Qué haces? -
Estoy trabajando. - Tomaba ciertos lápices y seguía diseñando una casa.
¿Y de qué es tu trabajo? - Me preguntó mientras la acomodaba bien sobre mis piernas.
¿De qué? Pues... Yo me encargo de dibujar casas, centro comerciales... Castillos... - Mi tono de voz sonó misterioso.
¿¡CASTILLOS!? -
Si... ¿Los quieres ver...? -
¡Sí. Sí. Sí! - Me imploraba, me agarró la camisa. - ¡Por fa...!
Bueno, ve a esa biblioteca y saca el libro que más te guste. - Ella se bajó corriendo y buscó un libro rosado que había entre todos las carpetas negras que habían ahí.
¿Ese? -
¡Sí! - Me dijo emocionada con el libro presionado a su cuerpo con sus pequeños bracitos.
Bueno, ven, veamos lo que hay allí adentro. - Ella se volvió a sentar en mis piernas, abrimos el libro sobre el plano en el que estaba trabajando.
El libro tenía dibujos que hacía cuando tenía alrededor de diecisiete años más o menos, castillos flotantes, puentes flotantes, dragones escalando un castillo y todas esas cosas que vuelven loca a una niña de tres años.
¿Te gusta hacer esto? - Me preguntó cabizbaja, ese ánimo había desaparecido.
Sí, mi vida... - Sabía por donde venía esa pregunta.
¿Te gusta más que yo? - Esa pregunta destruyó todo en mi... Aguante las ganas de no llorar.
¿Por qué me preguntas eso? -
Porque estás más tiempo aquí que conmigo... -
Perdón bebé, es que con esto gano dinero para que tú y tu mamá sean felices... Pero... ¿Me quieres ayudar con esta casa y después voy y duermo contigo...? ¿Quieres?
Está bien... -
Toma. - Le di un lápiz y estuvimos los dos, mi hija el ser que más amo en el mundo haciendo lo que me apasiona. Se hizo más de noche y ella se quedó dormida sobre mis piernas, con un brazo la acurrucaba a mi cuerpo, era muy pequeña. La cargué y la llevé a su cuarto, su cuna fue reemplazada por una cama, aunque yo era muy grande ahí dormí, abrazado a mi hija...
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