¿Estás nerviosa? - Le agarré la mano con fuerza.
Un poco... - La mano le temblaba, me voltee a mirarla y estaba llorando, me acerqué lentamente, le recogí el velo y le sequé las lágrimas. Le di un beso en la frente.
Te amo principessa mía. -
Tengo miedo de que él cambie, de que se comporte diferente, quiero que sea un esposo como tú eres con mamá, y quiero que sea un padre igual a ti... Tengo miedo de alejarme de ti... - Volvió a llorar, me destrozaba verla así, después de todo es mi hija la que se marchará de mi lado.
Bebé, tu vida no puede ser igual a cómo estás acostumbrada, porque sería muy aburrida, si él te ama quédate a su lado, ámalo inmensamente. - Le volví a secar las lágrimas y le coloqué el velo. - Te amo, niña mía. - Entrelacé mi brazo con el de ella, las puertas de la iglesia se abrieron lentamente, habían demasiadas personas, vi a todos mis primos, pero resaltaban más Paola y Paulina, ambas lloraban de alegría, los gemelos que ya no eran tan iguales como antes, Maria Laura que ya estaba hecha toda una mujer con su novio, y su hermana, vi a todos mis tíos, todos observaban a mi hija, como ella caminaba hacia el altar. Ahí estaba, la mujer que elegí como mi acompañante en la vida eterna, mi esposa, mi dama, mi Otra Parte, mi Brida, mi todo, estaba ahí sentada, con los ojos llorosos y con una sonrisa. Dejé a mi hija en el altar, mientras me sentaba al lado de mi amor eterno.
¿Te acuerdas cuando nosotros estábamos en ese lugar? Tú sonreías inocentemente... -
Sí, nunca quise que este día llegara. -
Yo tampoco pero ella tiene derecho a amar ¿O me dirás que tus padres nos veían diferente cuando tú y yo nos casamos? -
Su vestido blanco escotado en la Parte de atrás de su espalda, esos detalles en dorado, su sonrisa... Mi hija...
¿Vittoria, aceptas a este hombre como tu legítimo esposo? - Todo se volvió blanco, sólo los veía a ellos dos ahí parados, escuchaba cada palabra de mi hija... y su "Acepto" culminó su oración.
¿Y tú Alexander? ¿Aceptas a Vittoria como tu legítima esposa? -
Acepto. - Su voz se escuchó firme y sin ningún tipo de miedo, él pertenecía a nuestra familia por más de unos ocho años, cuando mi hija lo hizo oficial a los dieciséis años. En ese tiempo había salido a solas con él, preguntándole sobre su futuro, su forma de ser, que opinaba de mi hija, y pues... Acertó en cada respuesta, como si fuese yo el que estuviese hablando. <<Serás un buen yerno...>> Le dije, y el sólo se rió.
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